Los poetas de la contrarreforma
¿De que trata?
Nos situamos en la Edad Media y Renacimiento español, una época en la que el fervor religioso está en auge, reflejándose así en el arte, literatura, y otros muchos campos. Sin embargo, la Reforma Protestante creó el caos y abrió la veda de la indecisión, con lo cula la Iglesia se puso manos a la obra. Para refrendar su autoridad, nació la Contrarreforma, y con ello los autores que la hicieron verdaderamente efectiva. En esta sala los conoceréis un poco mejor, además de informaros sobre el contexto histórico que les precedía.
Fray Luis de León

Nacido en Belmonte, Cuenca en 1527. Ingresa en la orden de los agustinos de Salamanca. En Salamanca estudió, y después llegó a ser profesor de Sagrada Escritura. En 1572 fue acusado ante la Inquisición y encarcelado un tiempo por postular la primacía, como profesor de exégesis de la Sagrada Escritura, de los textos originales de la Biblia sin someterse a la «Vulgata» como pretendía la Contrarreforma; esta acusación implicaba también una acusación de tipo religioso, pues Fray Luis era de origen judío. También se le acusaba de traducir el Cantar de los Cantares , algo prohibido tras el Concilio de Trento. Después de un período de cinco años en la cárcel de la Inquisición en Valladolid, es absuelto por el tribunal. Regresa a Salamanca donde seguirá enseñando en la universidad hasta 1591, el año de su muerte.
ODA DE LA VIDA RETIRADA
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.Y luego, sosegada,el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido.Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.
Santa Teresa de Jesús

San Juan de la Cruz

San Juan de la Cruz nace en 1542, en Fontiveros, un pequeño pueblo de
Ávila, de economía agrícola y ganadera, con una pequeña industria de
telares. Es el segundo de los tres hijos de Gonzalo de Yepes y Catalina
Álvarez, modestos tejedores.
NOCHE OSCURA
1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.
2. A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
3. En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
4. Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
5. ¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!
6. En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.
8. Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.



